“Al filo de la Madrugada” parte 2

Antes que nada, recomiendo lean la parte 1 de éste libro, pues platico un poco de mi “motivación” e intención que tuve al crear el libro, además de una advertencia, que quizá exagere un poquito (jajajaja), pero es verdad que hay algunos escritos que si son de temática fuerte, pero otros son más “normal”. Como sea, recomiendo lean la parte 1, y después sigan si así lo desean. Disfruten.

 

 


Tick Tack, suena el reloj

 

Roberto Herrera era una persona meticulosa y tremendamente curiosa. Desde niño siempre fue así. Un caso que solía recordar de su infancia era la mañana del 25 de Diciembre de 1976, en la cual recibió un regalo de su tío Joaquín, el regalo estaba envuelto en un papel rojo brillante con pequeños estampados de copos de nieve, era de unos 45 cm de altura y unos 20 ó quizá 25 de ancho, y como cúspide del regalo un gran moño dorado; recuerda la emoción y expectativa al empezar a abrir el regalo, y cuando al final abrió su regalo se encontró con unos grandes y redondos ojos rojos, su regalo era un robot plateado el cual caminaba haciendo ruidos, prendiendo unos foquitos que tenia en su pecho, así como sus grandes y redondos focos rojos que tenia por ojos. Recuerda como agradeció a su tío por el regalo el cual fue su mejor regalo en toda la infancia, pero mas que nada, Roberto recordaba ese incontrolable deseo que le producía su nuevo regalo por saber como funcionaba, recuerda que esa tarde fue al sótano donde su padre guardaba sus herramientas para poder desarmar su robot, descubriendo ese pequeño y maravilloso mundo interno del robot, lo que lo hizo preguntarse: “¿Cómo serán las personas por dentro?”…

El sonido del libro que caía sobre el suelo del baño lo hizo volver en sí. Recogió el libro del suelo, busco la pagina en la que se quedo y coloco el separador en ella, después dejo el libro sobre el tanque del escusado; y cuando movió su mano para alcanzar el papel higiénico, noto una pequeña mancha roja en la pared. Tras limpiarse y ponerse los pantalones, se acerco a mirar de cerca la mancha, noto que era de sangre, o por lo menos eso parecía ser, pero, ¿sangre de quien?, ¿habría pasado algún acto violento en el pasado de la habitación que hoy él había rentado para pasar la noche?, sin lugar a dudas y sin poder escapar por su obsesivo impulso de curiosidad, decidió investigar el asunto; se lavo rápido las manos, pero mientras lo hacia algo le obligo a mirar el hoyo del lavamanos, noto que las paredes de la cañería estaban manchadas de lo mismo que la mancha del baño, y en el fondo del lavabo yacía un dedo femenino, con la uña pintada de rojo, pero lo que mas lo afecto, es que el dedo traía un anillo de compromiso, y no cualquier anillo de compromiso, era el anillo de compromiso que él hace 2 meses había mandado hacer para su novia, -“!Es el anillo de compromiso que le compre a Melissa!”- pensó. De repente sonaron unos fuertes toquidos en la puerta de su cuarto, aquel cuarto en un motel de la carretera 86, donde se había detenido a descansar y dormir un poco; volvieron a dar fuertes toquidos en su puerta, seguidos esta vez de un grito, el cual parecería ser más bien una especie de gruñidos. Empezaron a golpear con mucha fuerza la puerta, la puerta no aguantaría por mucho tiempo más, Roberto pensó en huir pero todo su cuerpo estaba paralizado del miedo, de repente cayo la puerta al piso y una fuerte luz salió detrás de ella cegándolo por completo…

 

Roberto se despertó deseando que por algún acto mágico e inexplicable del destino, que ese día fuera igual que el día anterior, domingo, pero lamentablemente no tenia tanta suerte, y debía apurarse para llegar temprano a su trabajo. Con una gran pesadez se levanto de su cama, su esposa Melinda lo estaba esperando en la mesa de la cocina con una taza de café caliente, un plato con un huevo estrellado recién preparado y una rebanada de pan de centeno; Roberto la saludó dándole un gran y amoroso beso.

Cuando Roberto encendió su auto para dirigirse al trabajo, tuvo un leve presentimiento, casi logro saber lo que le pasaría ese día.

Ese día, fue un día normal para Roberto, las mismas bromas estúpidas de Nick de contabilidad, y el sutil sarcasmo sabelotodo de José sobre lo maravilloso que se veía el jefe esa mañana. El café sabía igual que todas las tardes en la oficina, y el trabajo fue igual de aburrido que todos los días, sin embargo había algo distinto, algo había cambiado. Roberto no podía dejar de pensar en el sueño que había tenido la noche anterior, trato de recordar la mancha de sangre, pero inmediatamente se levanto de su silla provocando que ésta se volcara sobre el suelo, todos en la oficina voltearon a verlo, pues Roberto era una persona muy tranquila y callada; Roberto volteo rápidamente a ver a todos a su alrededor y después levanto su mano derecha e inclinando un poco su cabeza hacia abajo dijo en un tono tranquilo y suave, pero con suficiente fuerza para ser escuchado por todos –“Perdón, todo esta bien”- pero la verdad es que nada estaba bien, pues al tratar de recordar sobre la mancha de sangre de su sueño, había podido oler y saborear la sangre.

Esa noche al llegar a su casa, se detuvo ante la puerta, sintiendo un frio extremo emanando del picaporte, lo cual era algo inusual para esa temporada del año, pues era uno de los veranos mas calurosos que ha habido en la capital. Roberto giro lentamente el picaporte, y al abrir completamente la puerta, salió de adentro de la casa una luz cegadora, haciéndolo caer de rodillas al suelo, Roberto trato de gritar pero sus gritos fueron opacados por un chillido ensordecedor el cual hizo retumbar el suelo; sintió un vacio dentro de él, el cual se empezaba a llenar con esa luz brillante cual fuego abrazador. Roberto callo inconsciente al suelo.

 

Roberto despertó en un cuarto el cual no era su cuarto, rápidamente miró hacia todos lados y sólo encontró su chamarra de piel, la cual no usaba desde que tenía 25 años de edad; encontró unas llaves en la mesa de noche, eran las llaves de su motocicleta, la cual había perdido tiempo atrás. Roberto no entendía nada, se levanto de la cama y se miró en el espejo, no vestía el traje que usaba para ir a trabajar, traía puestos unos jeans, una playera blanca y unas botas texanas, se preguntó -¿Qué diablos pasa aquí?- mientras tomaba sus pertenencias y salía de la habitación. Se encontraba en un motel en el desierto, se dirigió a lo que parecía ser la administración. Observo que afuera de la administración (o lo que parecía serlo) había una motocicleta, su motocicleta, podía saberlo pues no había día en el que no recordara su motocicleta perdida que había adorado tanto, además que era el único vehículo en el estacionamiento, así como al parecer en muchos kilómetros a la redonda. Sin detenerse a inspeccionar la motocicleta, entró a la administración, y efectivamente lo era, pero no esperaba encontrar respuestas ahí, pues dentro era como el set de filmación de alguna película gore; había sangre por todos lados, junto con un olor a putrefacción añejada de varios días, se adentró en la habitación y encontró varios cadáveres de mujeres, desnudas, algunas desmembradas y todas tenían rasgado en su piel la letra “M”. Sin poderlo resistir más, Roberto salió de inmediato del cuarto, subió a su motocicleta y manejo por la autopista sin detenerse o mirar atrás.

Horas mas tarde ya que entraba a su ciudad, se preguntó -¿Por qué diablos escape del lugar sin avisar a las autoridades de lo que aparentemente fue una masacre?, y ¿Cómo logré regresar a la ciudad si se supone que no sabia donde chingados estaba?-, a pesar de que Roberto se preguntó eso, no lo meditó más haya de la formulación de la pregunta y siguió su camino a casa, eran las 9:45 pm, y su esposa debería de estar preocupada.

48 minutos y 35 segundos después de cruzar los limites de la ciudad, se encontraba ante la puerta de su casa. Miró detenidamente el picaporte con una especie de miedo y curiosidad por saber si el picaporte volvería a estar extrañamente frio, o si al entrar de nuevo a su casa, aparecería en una habitación de otro motel cede de algún acto sanguinario como el motel del desierto donde hace 3 horas, 48 minutos y 35 segundos atrás había despertado. Roberto aún con miedo pero con más curiosidad, tomó el picaporte, notando que su temperatura era “normal”, acto seguido entra a su casa.

-¡Puta madre!, que olor es ese- decía Roberto mientras se tapaba la nariz con una mano mientras que con la otra buscaba el switch de la luz, pero al accionarlo noto que no prendía, reviso en el mueble de la entrada buscando la lámpara de pilas, al encontrarla pudo observar que todos los focos estaban rotos, -¡Melissa!-gritó Roberto, pero se detuvo y pensó -¿Qué carajos?, mi esposa no se llama Melissa, se llama Melinda- a lo que volvió a repetir el nombre de su esposa esta vez ya corregido-¡Melinda!- grito varias veces Roberto mientras se internaba en su casa, busco en la sala y el comedor pero no encontraba a su esposa ni tenia contestación a sus gritos, así que se dirigió a la cocina continuando la búsqueda.

-¡ahí estas mi amor!- dijo Roberto en tono calmado y relajado -mírate nada mas, diablos debí de ausentarme por días, sabia que dejarte la piel no era buena idea, la casa apesta completamente a cadáver mi amor- dijo en tono juguetón y cariñoso al cadáver de su esposa que tenía enfrente de si -pero no te preocupes, dejare las ventanas abiertas esta noche, un poco de aromatizante y listo, lo malo es que tendré que quitarte toda la piel, pero no te preocupes mi vida, te amo te veas como te veas- dijo Roberto con una sonrisa mientras tomaba el cadáver y se dirigía al sótano donde con ayuda de ácidos y escobetas limpiaría la carne de los huesos del cadáver de su esposa.

A la mañana siguiente Roberto despertó alegre al notar que el mal olor ya casi no se notaba, se arregló y dirigió a la cocina donde su esposa Melinda lo esperaba con una taza de café caliente, un plato con un huevo estrellado recién preparado y una rebanada de pan de centeno, Roberto le dio un gran abrazo a su esposa, y mientras desayunaba le dijo -te vez radiante el día de hoy dulzura, ¿has adelgazado?-Roberto dejo notar una picara sonrisa. Al terminar el desayuno le dio un beso amoroso a su esposa para después dirigirse al trabajo. En el trabajo todo fue igual que otros días, pero cuando se dirigió a su cubículo para trabajar en su reporte, Roberto pensó -¿Melinda se habrá enojado por que me ausente todo el fin de semana?…no creo, hoy se veía muy tranquila, debo de relajarme más o me volveré loco- rio Roberto, y al notar que Albert del cubículo junto al de él lo miraba extraño, borro la sonrisa y dijo tranquilamente –perdón- mientras Roberto se reincorporaba a su trabajo después de un pequeño break que había tomado para beber café.

Albert se dirigió a tomar una taza de café, y en la cocina de la oficina encontró a Peter.

-Es triste ver como Roberto actúa como si pudiera hablar, ¿no crees?-dijo Albert

-Sí, desde que falleció su prometida Melissa hace dos años no ha vuelto a ser el mismo-dijo Peter mientras le daba una mordida a su emparedado

-Sabias que la policía sospecho de él, pero no tuvieron pruebas para arrestarlo. La verdad cuando no me da lastima, me incomoda, tiene una manera siniestra de perder los ojos en la nada, ¿si me entiendes?

-Sí, es un tipo raro.

 

Esa noche, mientras Roberto le hacia el amor a su esposa Melinda, pensaba en la prometida desmembrada de sus sueños, Melissa. Pero más que nada, se preguntaba cuando esa luz cegadora volvería para llevarlo a buscar más mujeres y aventuras -¿mujeres y aventuras?- pensó Roberto -¿porqué pensé eso?- pero no analizó mucho el pensamiento que había tenido y siguió haciéndole el amor a su mujer, después de todo, mañana será un día mas de trabajo y completa monotonía en su vida diaria.


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I

 

Madness, demencia, locura, incoherencia del alma por hacer surgir los pensamientos del cuerpo.

Cuerpo, body, cadáver en descomposición continua y eterna.

Latidos, suspiros, señales divinas del fuego infernal que se avecina.

El sueño, la ilusión, la alucinación colectiva que ronda entre sueños a los hombres de alas cortas y lenguas largas.

El tercer ángel sangrara sobre las calles trayendo muerte y resurrección a pobres y parias.

Muerte artificial, muerte verdadera; delgada cortina transparente entre mis plegarias y maldiciones.

Ojo inmóvil que escucha todo, es el ojo de la mente.

Lenguas lánguidas y mortíferas que muerden los locos sin féretro.

Resurrecciones sin sepulcros, caminantes en trajes; temerosas del brillo y reflejo de la oscuridad.

El séptimo anillo ha bajado, el quinto ciclo esta completo, contemplen la novena puerta; tiemblen ante la sangre del tercer ángel y compadezcan al portador de la octava llave, pues sus ojos encierran a la bestia portadora de las cenizas del dios verdadero.

 

                                 

 

II

 

El ángel de lengua asesina, eliminara, purificara al portador de la última llave.

El brillo del sol a través de la oscuridad revelara la clave.

 

III

 

Los susurros se acercan, las sombras se mueven. Los espejos, aun ante la luz son las puertas del otro yo; los asesinos de la mente y usurpadores del alma.

La congoja en los pechos de los mortales por la cercanía de ÉL, cambio, incógnita, oscuridad.


Escape a medianoche

 

Era algo normal ver anunciado en el periódico de la edición matutina que uno o dos pacientes del manicomio municipal (el cual era para pacientes “pacíficos”, o como diría el alguacil -no tan chiflados-) habían escapado; esto era un evento usual en el pequeño pueblo de “Bosque verde”, y seria de esperarse que fuera un suceso el cual mantuviera en alerta y con temor a la población de no ser por el hecho de que ningún fugitivo era visto de nuevo en el pueblo o en sus inmediaciones, suceso el cual mantenía a la ciudadanía tranquila y al flojo del alguacil con su empleo. Todos sospechaban que tomaban el tranvía, escapando hacía el país del sur y a una nueva vida; el alcalde habría implementado mas vigilancia cerca del tranvía si no fuera por el hecho de que el cuerpo de policía era muy reducido y solo contaba con 5 miembros, contando a Doris la secretaria de ochenta y cuatro años, la cual los niños pensaban que era una bruja y se comía a los fugitivos; era común entre los chicuelos entrar al jardín trasero de la casa de la anciana en noches de luna llena (cuando las brujas hacen su magia, según Ramón el conserje de la escuela municipal); el jardín está lleno de gatos (su única compañía desde que Hermann, su difunto esposo, falleciera hace 10 años atrás; y como nunca tuvieron hijos, la pareja decidió adoptar todo gato que encontraran) así como de todo tipo de plantas por doquier; así ante la luz de luna y con la mente altamente creativa de los niños, se llegaban a contar historias como que en ese jardín habitan monstruos, incluido el mismo pie grande, cosa que era graciosa para la gente del pueblo, e incluso para Doris.

 

La mañana del 18 de Abril, Héctor y Jesús tenían ya todo planeado para escapar esa noche del Manicomio municipal, aprovecharían que ese día era la fiesta de las manzanas en el pueblo, lo cual hacia que toda la fuerza policiaca (el alguacil y sus 3 ayudantes) estuvieran vigilando la plaza municipal en donde se realizaba el festejo (que es el evento más importante del pueblo, pues se recibe varios turistas, ósea, de 2 a 15 turistas, cosa que para el pueblo de Bosque Verde es muchísima gente nueva de visita por el lugar), además que Felipe el guardia del manicomio tenia tendencia a tomar “pequeñas” siestas las cuales solían durar alrededor de 2 a 3 horas. Tenían todo planeado para su escape; habían calculado el momento en que Felipe alcanzaba un estado de perdición total en su sueño, y ya tenían programado su “itinerario” de escape para llegar justo a tiempo para tomar el tranvía de las 10:15, el cual pasaría alrededor de las 10:25 por el río Jackson en donde lo abordarían; ya tenían guardado bastantes panes y latas de comida (robadas previamente en excursiones nocturnas a la cocina del manicomio). Esa noche a las 8:45 cuando Felipe había alcanzado el clímax de su “pequeña” siesta, Héctor y Jesús salieron de sus cuartos, el corredor era iluminado por la luz de luna que se colaba a través de las grandes ventanas del final del pasillo, ubicadas a sus espaldas; empezaban su fuga cuando escucharon un “¡puck!”, voltearon de inmediato temiendo que fuera Luis el enfermero, el siempre tronaba sus bombas de goma de mascar sabor frutas, llenando el aire a su alrededor de olor frutal y miedo, pues era una persona cruel, sumamente agresivo con los pacientes cuando los otros enfermeros no lo veían, y si alguien llegaba a acusarlo él decía: “¿le vas a creer a un loco más que a mí?” haciendo mueca y vocecita de tarado, lo cual hacia reír a los demás enfermeros y pensaban que era solo un mal entendido, lo que no era gracioso era el desquite de Luis ante el soplón; pero al voltearse Héctor y Jesús solo encontraron a bubbles en su silla de ruedas (su nombre de pila era Juan Manuel, pero siempre estaba haciendo burbujas de saliva, riéndose de vez en cuando, risas que llegaban a durar horas; solo Dios sabe que cosas recordará o pensará que lo harán reír tanto), Héctor y Jesús rieron en voz baja y tapándose la boca para no ser escuchados; bubbles les había dado el susto de su vida, lo cual era bastante irónico, pues tal personaje como bubbles no era capas de espantar ni a un bebe. Héctor y Jesús siguieron por el pasillos, pasaron por la sala de recreación y llegaron a la entrada que era custodiada por el dormilón de Felipe, solo que no estaba él, sino que era Luis.

-Vaya, vaya; que tenemos aquí, ¿eh?, un par de loquitos en fuga, no, no, no; ahora que hare con ustedes- dijo Luis mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa diabólica, mientras mascaba su chicle de frutas e iba sacando su macana de abajo del mostrador. A Héctor y Jesús se les paralizo el cuerpo del miedo, pues sabían que si sus bromas normales terminaban a veces en huesos rotos, ésta vez era posible que los mandara al campo santo. Jesús abrió la boca para tratar de hablar, sólo para ser silenciado por un golpe de macana directo a la quijada que le propinaba Luis, Héctor estiró los brazos tratando de protegerse o detenerlo mientras intentaba dar un grito por auxilio, pero el brazo de Luis fue más rápido que su grito y antes de pronunciar algo fue golpeado en la cabeza quedando así inconsciente.

Al despertar Héctor, descubrió que se encontraba amordazado y atado a un poste, aún mareado por el golpe, pero creía que estaba en el sótano del manicomio…sí, era el sótano del manicomio, logró reconocerlo, pues pasaba algunos días al mes aquí cuando se escapaba con Jesús en las noches para fumar un cigarrillo de tabaco o algo alternativo.

Las únicas fuentes de luz que había eran un foco a su espalda y la poca luz que salía del fuego de la caldera a su lado izquierdo; aun se sentía mareado y confundido por el golpe que le propinó Luis. De repente escuchó un sonido, una especie de gruñido agonizante, Héctor volteo a todas partes en busca de la fuente del sonido y encontró que era Jesús, el cual estaba amarrado a una silla a su lado, notó que Jesús no estaba amordazado, pero tenía la quijada rota, la cual le colgaba sin fuerza de su cuello mientras bastante sangre escurría por su boca y manchaba su camisa; en ese momento Héctor pensó: “estamos fregados”; empezó a imaginar la clase de torturas que el malnacido de Luis les haría pasar antes de matarlos; sentía como la desesperación se apoderaba de el mientras lagrimas de ira resbalaban por sus mejillas, cuando de repente notó que había algo al fondo de la habitación, era un cuerpo; -Dios mío, ahora todo tiene sentido- pensó Héctor -Luis ha estado matando pacientes, y haciendo creer que realmente se fugan; ese hijo de…- de repente Héctor escucho un ¡puck! a su espalda -es ese maldito- pensó Héctor. Sintió como una mano se posaba en su hombro y escuchó que una voz extraña pero de cierta manera familiar decía: “Observa”, mientras la persona a su espalda dirigía la luz del foco hacia el cuerpo que yacía al final de la habitación; era el cadáver cercenado de Luis, logró saberlo pues la cabeza estaba intacta, fuera de eso, todo su cuerpo, o lo que un día fue su cuerpo, era ahora una gran masa de carne molida, o tan siquiera de eso le encontraba “forma”(por así decirlo); Héctor en ese momento pensó: -ahora si estamos acabados-, sintió la presión en su pecho y estuvo a punto de gritar, cuando de repente se apago la luz del foco, y el avance de la oscuridad lo dejo frio, trato de gritar, pero de su garganta solo salió un leve chirrido, su garganta se había cerrado.

Héctor escuchó a éste desconocido moverse con aparente facilidad entre las tinieblas del sótano, escuchó como movía objetos metálicos, así como el crujir de bolsas de plástico, Héctor no pensaba, simplemente estaba en shock, vio como éste asesino misterioso se movía hacia los restos de Luis para introducirlos en una bolsa que a decir por el sonido era una bolsas de plástico; después de recoger los restos de Luis, vio que todavía el muy cabrón empezó a trapear y limpiar el piso del sótano, escuchó el sonido del agua y como se movía el trapeador en el piso, -éste malnacido es muy meticuloso- pensó Héctor.

Al terminar la limpieza, el asesino misterioso se acercó lentamente a Jesús, poniéndose de cuclillas, cara a cara con Jesús, entonces Héctor pudo ver la cara del maldito, y supo por que le era de cierta manera familiar su voz, el maldito asesino de Luis era bubbles, -¿pero qué diablos?- pensó Héctor -el condenado bubbles nos hizo un favor a todos matando al verdadero malnacido, ¿por qué nos amarro?-

-Bubbles, digo, Juan, gracias por despachar a ese cabrón, ahora, por favor desátanos, ¿quieres?- dijo Héctor en un tono fraternal.

Juan miró directamente a los ojos a Héctor, mientras hacia una burbuja de baba con la boca, entonces le mostro el cuchillo que traía en la mano, se rio de la manera en que siempre lo hacía, -juguemos- le dijo a Héctor mientras clavaba el cuchillo en la pierna de Jesús.

-¡No!, maldito enfermo detente- gritó Héctor

De repente Jesús, al sentir el cuchillo entrar en su piel volvió en si y le dio un tremendo cabezazo a Juan, el cual cayó de espalada al suelo quedándose inmóvil. Jesús empezó a gritar, dejando escuchar como  si hiciera gárgaras con toda la sangre que emanaba de su boca, Jesús se convulsiono un poco, después dejó de moverse y de hacer ruido.

Héctor después de unos minutos logro desatarse, entonces fue al lado de Jesús para revisar su pulso, ya estaba muerto; Héctor lloró en silencio al lado de Jesús, pero no por mucho tiempo pues Juan ya había vuelto en si y le dio un fuerte puñetazo a Héctor en la cara, haciéndolo caer al suelo -Te voy a destripar- gritó Juan. Héctor pateó las piernas de Juan haciéndolo caer, mientras rápidamente se incorporaba y escapaba del sótano, para dirigirse a la salida del manicomio municipal, pero mientras corría por el patio del manicomio, casi llegando ya a la calle, escucho los gritos de Juan -¡Me bañare con tu sangre!-, y sabia que venia detrás de él. Excelente día había escogido para escapar, pues todo el pueblo estaba en la fiesta de las manzanas, y no había nadie en la calle para evitar que escapara, pero tampoco para evitar que lo fueran a cercenar.

Héctor corrió desesperado, tratando de salvar su vida, corrió tan frenéticamente que no se dio cuenta que llevaba más de 10 minutos desde que había dejado atrás y fuera de vista a Juan.

Juan estaba convencido de que ya no encontraría a Héctor cuando escucho un sonido detrás de unos matorrales –Todos están en la fiesta de las manzanas, ese debe ser Héctor- pensó Juan, mientras saltaba a través de los matorrales entrando a lo que parecía ser el patio trasero de una casa, pero lo que vio lo dejo paralizado, dejó su mente entumecida, llenando de miedo y desesperación toda su alma, una sensación completamente nueva para Juan; él no era la clase de persona que se atemoriza fácilmente, no se atemorizó al ver como su padrastro cortaba en miles de pedazos a su madre, ni se inmutó al ver como su hermano mayor mataba a su padrastro con la tostadora, o al ver como los policías (amigos de Felipe su padrastro) golpeaban a su hermano hasta destrozarle el cráneo esparciendo sus sesos por todo el piso del remolque que era su hogar, tampoco se agito al ser violado y golpeado constantemente durante 9 años en la cárcel por el asesinato de su familia (crimen del cual fue culpado con el rápido y preciso testimonio falso de dos policías corruptos, de dos policías con las manos manchadas de la sangre de su hermano mayor), ni le dio ninguna sensación años después al salir de la cárcel para buscar a esos policías, y al encontrarlos esparcir sus intestinos por toda la comisaria, para después prenderle fuego a todo el lugar dejando tras de si gritos de mujeres, hombres, niños, culpables e inocentes, y claro que no dudo ni sintió remordimiento por Juan Manuel Castañeda Herrera, persona muy amable que toma la errónea decisión de darle un aventón a este Joven que lo asesinaría y robaría su identidad. Juan no era de los que se sorprendían fácilmente, pero aquella maldad que residía detrás de esos matorrales, era algo inusual para él, pues por lo general era él quien creaba esos escenarios dignos del mismo infierno, y nunca pensó que sería una mosca perdida entrando a una pesadilla ajena.

La escena del patio trasero detrás de los matorrales, era digna de alguna pictografía del Medievo, en ella se encontraban cinco hombres desnudos, usando nada mas que unas mascaras de cosas que parecían ser animales demoniacos o algo así, los cuales estaban parados en las esquinas de una estrella de cinco picos la cual estaba trazada por huesos, algo blanco como cal o sal, viseras e intestinos de algún animal o persona. En el centro de este pintoresco panorama estaba amarrado a unos postes un hombre, o tan siquiera lo que fue en algún momento un hombre, y ahora era un montón de tripas, órganos tirados a sus pies, con la cara desollada, huesos asomando por la piel y demás atrocidades las cuales hubieran hecho vomitar al mas sádico y cruel villano de películas hollywoodenses; enfrente a los restos del hombre, estaba una anciana vestida en unas extrañas pieles que parecían ser de origen humano, y usando una mascara de toro negro con grandes cuernos. Juan entró en el momento en que la anciana con ayuda de un enorme cuchillo, extirpaba el corazón latente del pobre y mutilado hombre, Juan pudo ver como se movían frenéticamente los ojos de ese hombre en su cara desollada, escuchando el grito de agonía que más que provenir de los pulmones de ese hombre, provenía de su torturada alma; un grito que helaría la sangre del mismo Aquiles o cualquier otro héroe mítico.

Juan trato de correr al ver a los cinco hombres venir hacia él, sin embargo, sus piernas parecían haber terminado su horario laboral por ese día. Juan se veía a si mismo como si flotara fuera de su cuerpo; vio como era arrastrado y colocado en donde antes yacía la victima, -parece que hoy tendremos doble sacrificio- dijo la anciana, -Así será Doris- respondió uno de los hombres.

Héctor yacía exhausto entre los arboles a las afueras del pueblo, cuando un grito terrorífico le helo la sangre, haciéndolo incorporarse de nuevo de un salto –Ese maldito de Juan ha encontrado una victima más- pensó. Aunque no sabía la hora, decidió probar suerte y correr para lograr alcanzar el tren y así conseguir su libertad. Cuando llevaba menos de unos 20 minutos corriendo en el bosque hacia las vías del tren, escuchó un segundo grito, aun más aterrador que el primero, -¡maldita sea!, ¿Juan se ha vuelto loco y a empezado a matar a todo el pueblo? o ¿que diablos?- pensó Héctor mientras apresuraba el paso. Justo cuando estaba llegando a las vías del tren, logró escuchar el silbato de éste; Héctor se emocionó y se le formó una gran sonrisa en su cara, una sonrisa que no duraría mucho, pues seria sustituida por una lagrima, “Maldita sea Jesús, ¿Por qué tuviste que morir?” dijo entre lagrimas Héctor al pie de las vías del tren.

Héctor logro subir al ultimó vagón, un vagón de carga, el cual estaba vacio, o tan siquiera eso pensó mientras lo abordaba. Dentro de el apestaba a matadero, había mierda y orines en el piso, y en el fondo del vagón un vago violaba a una chica, la cual parecía ser vendedora de boletos de la estación, y no aparentaba mas de 25 años, mientras otros cuatro vagabundos miraban enfermizamente la escena, esperando su turno con muecas de locura y lujuria; justo enfrente de la puerta del vagón de carga había dos vagabundos calentándose de un fuego improvisado en una especie de barril, estos vagabundos al ver entrar a Héctor, no le darían un segundo para hablar antes de acuchillarlo para después robarle su ropa, mientras reían -“lindos zapatos amigo- decían entre risas; zapatos que poco disfrutarían, pues los guardias de la central de trenes, al encontrar los cadáveres de la chica y Héctor, sin mencionar toda la inmundicia, no serian específicamente “amables” con los vagabundos del último vagón de carga del tranvía de las 10:15 pm.

 

 

Todas las críticas de revistas para viajeros escriben siempre lo mismo, si no que comentarios mejores:

“El pueblo de Bosque Verde es uno de los mas acogedores del país; les recomiendo que en sus próximas vacaciones lo visiten, sus pintorescos paisajes y la calidez de sus habitantes los dejaran mudos como muertos.”.

Puede que algún día lo visiten ustedes.


Nube Gris

 

Veo pasar una procesión gris, casi fantasmal e incorpórea por afuera de mi ventana. Su magnitud escapa de todo intento de enumerarla, dejando a su paso el dulce aroma del copal.

“¡Ahí van los muertos!”, “¡ahí van las animas!”, escucho decir a la gente; y así con el vaivén del aire se aleja y regresa esta nube gris, cual si estuviera bailando con alegría y canto. En eso, escucho la voz de mi abuela “Ten cuidado mijo, que los están hipnotizando; pues esos muertos no son los nuestros, y solo vienen al pueblo para estar reclutando”, y así, como salido de un estupor, noté como la gente se elevaba entre el humo, y bailando alegremente se iban alejando con el soplar del viento, pero sus rostros eran de angustia y tristeza.

Años han pasado de dicho evento acontecido en el pueblo; sin embargo, yo aun disfruto del dulce aroma del copal, sólo que desde mi casa, sin salir a observar; pues en una de esas, bien podría unirme a ese séquito fantasmal.


El Lobo y la chica de cabellos rubios

 

Jack notó su sangre fluir, era fría, muy fría, aunque de una manera peculiar era refrescante.

Vio la foto de Jessica arriba de su escritorio, esa sonrisa tan amorosa, tan tierna, dulce y sexy, esa sonrisa tan hermosa que tenía Jessica cuando él la fotografiaba. Quizá era el movimiento de su nariz, junto con lo hermoso de sus mejillas, o una combinación de todo su bellos rostro era lo que hacia a la sonrisa de Jessica tan hermosa para Jack, la verdad él no lo sabia, y no importaba que era lo que la hacia a su sonrisa y a toda ella completamente hermosa, lo único que sabia Jack era que era la razón #78 de las 3,377 razones de “Por que amo tanto a Jessica”, las cuales almacenaba en los corredores de su mente, alma y corazón. Llevaba ya desde finales de Septiembre del 2006 escribiendo poco a poco sus 3,377 razones (hasta ese momento) de “por que amo tanto a Jessica”, las escribía desde el primer día de su curso de inglés donde conoció a Jessica por primera vez, y las seguía creando aun después de haber terminado dicho curso hace un año atrás.

Jack tenía todo preparado para esa noche, todo sería mágico, repasaba lentamente todo el plan mientras escuchaba “Fell in love with a girl” de los White Strippes. Vino tinto en la mesa, alcatraces blancos, había colgado algunas pinturas de Monet (¡reproducciones claro!, las verdaderas escapaban de su poder adquisitivo) y tenía preparado ya el poema “Alaba los ojos negros de Julia” de Rubén Darío. Pasaría por Jessica a las 9 pm, después de que ella salía de trabajar, entonces empezaría la magia.

Todo había salido a la perfección, Jack había recogido a Jessica a las 9:08 pm a unas cuadras de su trabajo, pues todo era sorpresa. La cara de asombro de Jessica, no tenía precio para Jack, el cual la beso apasionadamente una vez los dos dentro del auto. Habían llegado al apartamento de Jack a las 9:27 pm, cuando entraron al departamento, la cara de Jessica fue de total asombro, Jack tenia ya todo listo, la comida que le gustaba a Jessica, el helado de la forma en que le gustaba, el estéreo tocaba los Cd´s de sus grupos favoritos (un Cd que había creado Jack especialmente para esa ocasión); todo era como Jessica siempre había imaginado su cita soñada.

“Todo esto es poco, en comparación con lo que te mereces mi amor” dijo Jack dulcemente a Jessica mientras le daba un suave y tierno beso en los labios. Jack no espero que Jessica dijera algo, sus lagrimas era todo la explicación que necesitaba Jack.

Pasaron la cena entera mirándose; Jack casi no comió, pues paso la mayor parte de la cena recitando de memoria a Jessica sus 3,377 cosas del por que la amaba tanto, mientras ella seguía llorando con sus grandes ojos abiertos, fijos en Jack.

-No mi amor, no necesitas decir nada- dijo Jack al notar que Jessica trataba de decir algo -Tus lagrimas me dicen todo lo que necesito saber- dijo Jack mientras le sonreía a Jessica y le acariciaba las manos.

-Permíteme recoger los platos querida, ya traigo el postre… ¿como?, ¿que ya comiste el helado, que otra cosa podría ser?…mi vida, eso es una sorpresa, y ¿no quieres arruinar tu sorpresa, o si?

Jack se dirigió a la cocina, para regresar de esta con un gran y afilado cuchillo el cual clavo de un solo golpe en las manos de Jessica, la cual estaba a punto de liberarse de la soga que las ataba.

-No, no, no, mi vida, ¿que es esto?, ¿que acaso quieres terminar esta velada mágica?, si aun falta “nuestra luna de miel- dijo Jack mientras lamía del cuello hasta la oreja a Jessica, limpiando las lagrimas de Jessica en el trayecto de su lengua.

Jessica se retorció tratando de soltar sus ataduras, moviendo frenéticamente los músculos de la cara tratando de despegar la cinta adhesiva para poder gritar y pedir ayuda…pero nada de eso funcionaría. Así Jessica entre sonidos guturales de desesperación, moviéndose frenéticamente para poder liberarse, sería cargada por Jack, el cual dulcemente la dirigiría a la habitación principal, donde la posaría lentamente sobre la cama.

Jack susurraría palabras de amor dulcemente al oído de Jessica mientras con el cuchillo recorría suavemente el cuerpo de Jessica, desgarrando aquí y allá su ropa, para dejarla lo suficientemente desnuda para la ocasión.

Jessica no podía dejar de moverse, su desesperación no podía dejarla quieta ni un segundo, su mente solo pensaba y anhelaba escapar, que todo fuera una pesadilla, que nada de esto fuera real, que se encontrara despertando en su cama de ésta horrible pesadilla; su mente no podría más, se dio cuenta de que nadie la salvaría, su alma se enfrío, su mente colapso al ver como Jack jugaba con el cuchillo cerca de su vagina, casi penetrándola con el arma, escuchó decir a Jack: “Te gusta ¿verdad?, ¿quisieras que te penetrara primero con el cuchillo o con mi pene?…¿que dices?, ¿que ambos al mismo tiempo?, jajajaja, eres una chica traviesa Jessica, pero esta bien, creo ya se como”; Jessica solo sintió el frio del metal colocándose en la entrada de su ano, mientras sentía como por los labios externos de su vagina se movía de arriba hacia abajo el pene de Jack. Su mente no lo soportaría, con la primera embestida del cuchillo y el pene lo mas seguro es que perdería la coherencia y se volvería demente, fue entonces cuando pasó…

De la nada, entró un gran lobo negro por la ventana, esparciendo vidrios por todas partes; la terrorífica presencia del lobo dejó petrificado a Jack, cosa que no se notaría mucho, pues en cuestión de segundos el lobo se abalanzaría sobre Jack, desgarrando su garganta, sacudiéndolo por toda la habitación, pintando así las paredes con su sangre.

Jessica salió del estupor poco a poco contemplando como aquel lobo desgarraba la piel de Jack, esparciendo sus tripas por todo el piso, destazando el cadáver, mientras escuchaba como eran triturados los huesos entre las poderosas mandíbulas del lobo. Jessica trató de liberarse en silencio para no llamar la atención del lobo, cuando escuchó la voz de éste: “No te preocupes Jessica, no te hare daño”, Jessica contemplo atónita como el lobo se transformaba en una hermosa mujer, con unos ojos azules y penetrantes, fríos, pero emotivos al mismo tiempo podría decirse; una larga cabellera que llegaba hasta sus muslos, larga, negra y ondulada; alta y de proporciones perfectas, sensual en su talle, con medidas dignas de alguna escultura de un prodigioso artista.

La mujer lobo se acercó a Jessica, con su mano le acaricio la cara, calmándola; Jessica pudo sentir la suavidad de su piel, la cual la relajo y tranquilizó. Al pasar unos minutos, Jessica había sido desatada y des-amordazada, así al fin, pudo agradecer a su salvadora

-Gracias, gracias, muchas gracias- dijo Jessica mientras lloraba de felicidad y abrazaba a la mujer lobo

-¡Shh!, tranquila, todo esta bien, ahora yo te cuidare- dijo la mujer, mientras acariciaba el rostro de Jessica; Jessica sonrió a la mujer y la beso dulcemente en los labios, así pues, el beso fue correspondido, mientras suavemente la mujer recostaba a Jessica en la cama e iba besando su cuerpo lenta y suavemente desde sus labios hasta sus muslos. Jessica sintió las manos de la mujer acariciando todo su cuerpo, mientras su sexo se empezaba a sentir cada vez más caliente y húmedo con el contacto de la boca y lengua de la mujer lobo.

Así las dos mujeres se entrelazaron en un suave y delicado movimiento, dejando escapar gemidos y alaridos de felicidad, sincronizando sus movimientos hasta llegar al mismo tiempo a un gran y apasionado clímax.

-¿Te sientes mejor mi amor?- dijo la mujer a Jessica, la cual con una sonrisa se apretó en un abrazo a los senos de la mujer, diciendo dulcemente –sí, sí mi amor, ya me siento mejor-

La Mujer lobo entonces, abrazando tiernamente a Jessica, diciéndole: -Si alguna vez me necesitas, sólo escribe mi nombre, y apareceré.

-No mi amor, no digas eso, ¿que ya me abandonaras? Yo te amo, no te vayas, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, TE AMO, TE AMO, TE AMO…

“Te Amo” era lo único que repetía Jessica una y otra vez, así fue como la escucharon y encontraron unos vagabundos, los cuales quedaron sorprendidos, pues no era algo común encontrar a tan hermoso “regalo” tirado en el basurero, y aunque estaba llena de sangre y semen, con algunas cortadas en todo su cuerpo incluyendo su vagina y ano, pero un regalo tan inesperadamente bello no se desprecia, y menos por hombres que han vivido mucho tiempo en las calles, así que sin dar mucha importancia a su estado, decidieron montarla uno y después otro, y otro y así hasta estar saciados, dejando el lugar para más y más vagabundos que venían a “disfrutar” del regalo anónimo que alguien había dejado en el basurero.

-Jajajajaja, mierda Carl tienes que probar esto- dijo Steave mientras se reía y bufaba, embistiendo el cuerpo de Jessica -esta chica sí que esta apretada, además con lo loca que esta, es mas cooperadora que una puta bien pagada, jajajaja-

-Claro, además ese “te amo” que repite constantemente le dan ganas a uno de montarla hasta el cansancio, jajajaja

-Tienes razón, jajajaja, ¡uff!, Mierda, ¡toma esto chica!- gimió Steave mientras descargaba su semen sobre la cara y boca de Jessica, la cual sería violada una y otra vez por Carl y Steave, así como después por varias decenas de vagos, hasta que al fin, en su demencia falleciera de inanición, cosa que no detendría a uno que otro vago de seguir follando su cadáver.

 

Jack regreso con una gran sonrisa ese día a su casa, después de dejar a Jessica en el basurero de la ciudad. Llegaría a su casa a dormir, pues le esperaba un día de trabajo a la siguiente mañana.

En el trabajo tendría su clásica rutina de siempre, repartiendo la correspondencia en los cubículos de los empelados.

-Hola Mandy

-Hola Jack, luces feliz esta mañana

-Así es Mandy… ¿oye? eh, me preguntaba si ¿algún día quisieras ir al cine conmigo o a tomar un café?

-Claro Jack- respondió Mandy mientras entre cerraba sus ojos y sonreía. Jack pensó en ese momento: “Razón numero 1 de por que amo tanto a Mandy: Su hermosa sonrisa cuando entre cierra sus ojos”.

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