“Al filo de la Madrugada” parte 3 “final”

Con esta “última parte” termino de mostrarles mi segundo libro inconcluso, el cual se puede decir que ya no es inconcluso, pues he decidido no seguirlo, así que está terminado por lo tanto, o algo así. Pongo final entre comillas, pues falta un último cuento-historia, el cual no está terminado, así que me daré un tiempo para terminarlo, y lo incluiré en la próxima entrada, junto con otro cuento sin titulo de los que me ayudó a recuperar una amiga.

Habiendo re-leído y re-editado los escritos que componen éste libro, me doy cuenta que no era para tanto la advertencia de la primera parte, pero bueno, igual y sirve como publicidad jajajaja.

Disfruten.

 

 


Que la Luna llore tus ausencias.

 

Ana besó la mejilla de Jesús al llegar a la casa, “¿que tal te fue mi vida?” preguntó Jesús, “bien mi amor, ya sabes, cansado como siempre, pero todo bien en el trabajo”, dijo Ana, mientras sonreía y recordaba como hace unos pocos minutos antes de llegar a casa, estaba teniendo sexo con Ernesto; recordaba como entre gemidos, caricias y besos, sus cuerpos sincronizaban perfectamente para después acabar juntos en una explosión de completa entrega, pasión y amor.

-¿Estas bien?, ¿te pasa algo mi amor?-Preguntó Jesús

-No, no es nada, sólo recordaba el papeleo que tengo que volver a hacer mañana en la oficina

-¡Hay mi vida!, ya no pienses en eso, mejor relájate, ¿quieres cenar algo?

-No gracias, ya comí algo antes, planeo darme un baño e ir a dormir, ¿ok?

-Ok, yo tengo que trabajar todavía en algo, pero espero no tardar mucho…te amo cariñito- dijo Jesús en un tono meditativo y con curiosidad

-Ok, esta bien…yo igual, buenas noches.

Así tras una sonrisa tenue, Ana le dio la espalda  Jesús para subir las escaleras  de la casa hacia su habitación para bañarse y descansar del día tan placentero que tuvo.

A la mañana siguiente Jesús sorprendió a Ana con un gran desayuno y muchos besos y amor. Ana beso con efusión a Jesús, mientras trataba de no pensar en él, si no en Ernesto y así poder aguantar las ganas de vomitar que le causaba el besar a Jesús. Así después de desayunar juntos, Ana salió hacia su rutina de poco trabajo y mucho sexo con Ernesto, la cual tenía desde hace más de 3 años.

Ana adoraba de Jesús que él la ama tanto y tan tontamente, que nunca sospechará nada, ni se quejará alguna vez, él era el “plato de segunda mesa de ella”, él era y sería siempre el iluso que siempre pensando en el amor, pagaría sus caprichos y demandas, mientras ella recibía y daba amor a su alma gemela, su adoración total: Ernesto.

 

Así los años pasaron, llegó el momento en que la piel de Ana no era tan suave o tersa como lo fue alguna vez, y como las hojas caen en el otoño, el amor de Ernesto por ella fue menguando, así sin ser esperado, una mañana Ernesto abandono a Ana, dejándola por una mujer mas joven y atractiva; así pues, Ana decepcionada y herida, llego a su casa buscando a Jesús, para refugiarse en la veneración y adoración de “su plato de segunda mesa”, en su “plan B”, pero al llegar a casa, encontró a Jesús en la puerta con unas maletas y una mirada de completa indiferencia hacia ella.

-Se lo de tu amante, siempre lo supe, y al igual que tú, también tuve mis amantes. Resistí el asco de tu presencia todos estos años, sólo para poder vengarme, para éste momento, éste momento en que estarías débil y sola, y así poder dejarte, abandonarte y esperar que con este golpe sucumba tu alma y tu vida; dejándote completamente sola, sola como mi alma y mi corazón, cuando hace tiempo atrás supe de tu engaño, pero sobre todo, cuando supe que tu amor por mi siempre fue falso. Viendo hasta donde eras tú capas de llegar con tal de complacer tu sed de dinero que yo te saciaba, prostituyéndote conmigo bajo el falso espejismo del matrimonio; mientras observaba hasta donde yo era capas de resistir mi desprecio por ti, y las nauseas que me causaba el ver como te humillabas y entregabas a mi solo por un par de billetes…Lárgate, no hay nada mas que decir, regresa a la noche, hacia aquella oscuridad que en comparación con tu alma parece día, ¡¡¡LARGATE!!!

Así Ana pasmada y sin sabes que hacer, callo de rodillas llorando en silencio, mientras Jesús cerraba la puerta de una vez su hogar, así como la entrada de su corazón para siempre…FOREVER AND EVER.


Versos con pasión y alcohol

 

 

I

Que los Dioses sequen estos ojos, sí

que los gusanos coman esta lengua, sí

que los buitres coman esta carne, sí

ojos que te adoraron, sí

lengua que te rezó, sí

carne que te idolatró, sí

que el tiempo desacre este cuerpo

que algún día fue sitio de devoción hacia ti,

sin clemencia,

sin misericordia.

Muerte hasta el último de mis recuerdos,

de ti.

 

II

Quisiera quemar el mundo en un abrazó,

consumirlo con el verdadero amor,

portar la mascara del Verdugo y Salvador

y así en un único suspiro desaparecer con todo y todos.

 

III

Desearía verte arder,

que te consumieras con las llamas de tu lujuria,

escuchando tus gritos y sollozos mientras eres reducida a cenizas;

que después el aire te eleve hasta desaparecer y estar fuera de este mundo,

pues a la tierra misma le es nauseabunda la idea de guardarte dentro de ella.

 

IV

Destrúyeme al menos,

ten la maldita cordialidad de terminar lo que empezaste aquella noche.

Abrázame a tu entrepierna,

así, de la manera en que sabes hacerlo,

de la manera en que lo disfrutas,

de la manera en que corrompes y eres corrompida.

Abrázame con tu falsedad,

ahoga mi llanto entre tus nauseabundos besos y tus falsos gemidos,

y acaba de una maldita vez con este asqueroso amor que te tengo,

con esta loca idolatría que profesa mi ser hacia tu vil persona…

¡MATAME!,

libérame de esta prisión que es el juego de tu amor.

 

V

Malditas ilusiones.

Los días pasan uno tras otro como un carnaval sin fin,

de locura,

de asco,

de frustración,

de sueños rotos,

de ira,

de arrepentimiento,

de malas decisiones,

de dolor,

de falsedades,

de llanto,

de muerte,

DE TI.


La tierra clama tu carne.

 

La muerte, es como una mujer celosa, una mujer altiva y seductora que no sabe lidiar con el rechazo.

Ignora y desprecia aquellos que se le entregan en cuerpo y alma, mientras desea y sonríe a aquellos que la repelen.

Cosecha en su momento de mayor esplendor, cuando más altivos y felices están a aquellos que la han huido; mientras desprecia y deja a los miserables atormentados reposar y añejarse en su dolor y auto compasión, negándoles su presencia que tanto buscan.

La muerte tiene un andar ligero y sensual, camina lentamente moviendo sus caderas con grácil erotismo. Ella no corre, no tiene por que. Ella no trata de alcanzar ni espera a nadie, pues no importa cuanto corran hacia ella o de ella, siempre todos y todas terminan a sus pies.

Algunos la aman, otros la odia. Ella simplemente sonríe, pues tarde o temprano, todos y todas besan sus labios, ya sea por elección o por destino.


6 Semanas

 

“Odio levantarme tan tarde, como que mi cerebro se atonta o algo así, eso de dormir cuando esta aún oscuro y levantarse con la misma oscuridad me nortea. Mi cuerpo se siente raro, perdido, desconcertado; mi imagen en el espejo es de un hombre acabado, cansado, desalineado, con una cara de estar perdido… ¿Quién soy?, ¿Qué hora es? y ¿Qué día es?…Odio levantarme tan tarde.”

John se dirige a su escritorio, ve que son las 19:00 hrs. y que ya a anochecido, dirige una mirada al calendario de paisajes que cuelga de la pared, (regalo de su secretaria dos meses atrás antes de salir de vacaciones decembrinas) y le dirige una mirada con ojos un poco perdidos, haciendo memoria de cuales días ya ha vivido y cuantos le quedan por vivir, al final encuentra el día en el que esta respirando, es martes, martes 25 de Enero… “seis semanas” dice John mientras aprieta los puños y muerde su labio como tratando hacer desaparecer un dolor repentino, su cara se oscurece por un momento, cuestión de unos pocos segundos dura esto, pero para John son largas horas…abre los ojos y sale de su estudio, es hora de “desayunar” algo.

El desayuno pasa tan monótono como cualquier otro, John como siempre se abalanzaba a comer sus alimentos para después sentir asco, hará el mismo esfuerzo fútil por tratar de mantener la comida en su estomago, pero él ya sabe que es una pelea perdida, pues ésta terminara siendo expulsada de su cuerpo pocos minutos después de su ingesta; así, tras pasar por el dolor de las arcadas y el procesos de calmarse de nuevo y limpiarse, John se preparará para salir al “Día”.

Siempre visita un bar nuevo cada noche, o tratar de ir a lugares en los cuales nunca antes ha estado; no hay tiempo para segundas veces, “ésta película es de una sola toma” se dice a si mismo, así pues deambula entre las calles, sólo se detiene cuando el lugar o la situación lo amerita, como por ejemplo: tomar una cerveza, tener una platica efímera con “alguien o algo” si es el caso, y por supuesto, detenerse para ver los amaneceres, los cuales son proseguidos por el movimiento mecánico y casi autómata de las masas al redoble del engranaje social y las fauces de una urbe hambrienta por engullir cuerpos, deseo del alma de aquellos que la habitan…pero los amaneceres, John se a convencido de que cada uno es distinto, único, irrepetible…quizá…quizá como las vidas mismas.

 

“5 semanas” se dijo a si mismo John mientras escupía un gran escupitajo al lavabo, para después quedársele viendo, su lentitud al deslizarse hacia el hoyo del desagüe…su vida desapareciendo lentamente…desapareciendo.

Después del “ritual de preparación” John salió a la calle; ya casi había vendido, donado o regalado sus pertenencias, y su casa ya tenia comprador, según le había informado Susana, su vendedora de inmuebles; ese día John llevaba una gran caja, la cual cargaba con un poco de dificultad; así pues siguió su camino hasta llegar al puente donde su hijo saltó al río para perder su vida ya hace varios años atrás, tantos años han pasado pero tan fresco se siente el dolor; reviviendo la escena cada vez que ve ese puente, su hijo saltando mientras él gritaba y corre tratando de evitar tan fatídico acto, y si no fuera por su esposa, John hubiera saltado tras de su hijo…quizá eso fue la causa de su divorcio, él nunca perdonaría que lo detuviera, pues John creía con todo su corazón que al saltar hubiera sido capaz de salvar a su hijo…poco importaba ahora. John colocó la caja en el borde del puente y miro al rio como un viejo amigo, al cual se le ha odiado tanto sin embargo es el único conocido que queda vivo; así pues, tras varios minutos de una mirada profunda y un silencio helado, John sacó de la caja sus diarios, escritos, fotos y demás pertenencias que darían fe de la existencia que tuvo, y tras un suave suspiro las aventó al aire, para verlas caer lentamente como hojas en otoño, mientras John reía y danzaba moviendo sus brazos en el aire, dando círculos; así las hojas, fotos y diarios siguieron cayendo al rio. Al final, John depositó la caja vacía en un contenedor de reciclaje, mientras se marchaba silbando a su “no-casa” para finalizar la venta y mandar en una mudanza lo que restaba de sus posesiones a la caridad.

 

Las siguientes semanas John se la pasó viajando de lugar en lugar gracias al dinero que recaudo de la casa y sus cosas que logró vender.

La última semana fue muy difícil poder levantarse de la cama, y virtualmente imposible poder salir, tenía días sin lograr alimentarse o dormir bien. En el pasado había recibido llamadas de su ex esposa diciéndole que no fuera terco, que la dejara cuidarlo, él siempre se rehusó, ella decía que ya era tiempo de parar su auto castigo, él no veía así su situación; John siempre pensó que su Anie, su ex esposa, era la persona que menos lo conocía de todo el mundo, o bien, era la persona que mas lo conocía, incluso más de lo que él mismo se conocía; como fuera, esto ya había pasado el punto de retorno, así que rehusó la oferta de Anie.

John río en su cama recordando la cara de espanto cuando en los grupos de “necesitamos un abrazo, pobres de nosotros”, como solía llamar a sus grupos de apoyo, él dijo que: “la vida era una chingadera, que había venido al mundo por decisión ajena, con bastante esfuerzo de su madre como para irse con los brazos cruzados, y que planeaba sacarle todo el jugo posible al tiempo que le quedara, pues la vida es una perra que hay que tomar de las caderas y follarla, pues de lo contrario te pisara los huevo y ni una sonrisa te dará”, diciéndolo a todo pulmón y dejando boca abierto a uno que otro, pues la visión del grupo es más de “gracias por todo y pues ya ni modo”, John nunca pensó eso, tampoco pensó que la vida fuera un problema, el problema más bien era que al llegar aquí era una situación de “bueno, ¿y ahora que?, ¿esperar a morir?”, ese fue el verdadero problema según John; aunque ahora que lo meditaba bien, la vida y su “situación” bien se hubiera podido abordar de mil y un maneras distintas y todas serian igual de validas, pero bueno…¡ya que!, dijo John mientras daba una última carcajada a todo pulmón. Al terminar de reír, se seco las lagrimas de los ojos, y notó que al fin tenia sueño, así que aprovechó y decidió dormir; descansaría completamente como no lo había hecho en años, y soñaría toda una vida especial para él, una vida larga y prospera, con su esposa e hijo, incluso nietos; así, al final del sueño, su cuerpo dejaría escapar un suspiro, y aún entre sueños diría:  “Nadie existe de verdad”, para después dejar salir el último aliento de su cuerpo.

El cuarto en silencio, sería como la vitrina de una exhibición llamada: “vida,  ¿y después de aquí, que?”, quedando en silencio… lo demás, son emociones.

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