“Los rezagados” ¡3-2 Gana el equipo de la ciudad!

Como les comenté en la publicación pasada, los siguientes dos escritos que publicare en ésta y la siguiente entrada, son uno que recupere gracias a una amiga que tenía un respaldo de algunos de mis escritos, y un “cuento” el cual estaba inconcluso en el libro de “Al filo de la Madrugada” que es mi segundo libro, y ya está también en ésta página publicado por si lo quieren leer.

La primera historia (que es la que leerán en esta entrada)de verdad no se a donde la quería llevar (jajajajaja), así que medio la deje en historia corta/crítica social, o algo así. Creo quería hacer una historia sobre natural o de terror, pero la deje corta. Ya a futuro tomare la temática militar igual para otras cosas, como terror; pues tengo una idea que espero trabajar pronto y ya la traerá a ésta página.

La segunda historia, (la cual publicare en la siguiente entrada) está mucho más construida y con una temática muy interesante, así que le quiero dedicar un tiempo para seguirla, pero entre más la voy trabajando, más se va expandiendo, así que no se si esperaré a tenerla concluida o la tratare de hacer a “extensión libro” y publique poco a poco los capítulos por acá, no se, la iré escribiendo y ya veré a donde llevo (o a donde me lleva) la historia.

De momento aquí tienen la primera historia/ escrito recuperado. Disfruten.

 

 


¡3-2 Gana el equipo de la ciudad!

 

 

“Me desperté rodeado de sangre; contuve un grito de desesperación al ver que todavía algunos de esos malditos estaban cerca de la zona donde fue la batalla… ¡no!, esto nunca fue una batalla, fue una maldita masacre. Mientras me encontraba tirado en el lodo lleno de sangre, rodeado de los cuerpos…más bien, rodeado de los restos de lo que fue mi pelotón, intentaba aclarar que diablos había pasado, ¿Qué chingados salió mal?, como pudo estar tan equivocado inteligencia, se suponía que la maldita misión seria un simple reconocimiento en una zona tan tranquila que un grupo de niñas exploradoras hubiera podido hacer la misión; ¡diablos!, si lograba salir de este maldito lugar juro que patear algunos traseros burocráticos será lo más tranquilo que voy a hacer. Esperé todavía un par de horas después que los malditos se fueron de la zona, no tanto por el miedo, si no que la adrenalina había bajado y empezaba a sentir mi cuerpo hecho mierda; con dificultad pude mover mis brazos, “gracias a dios aun tengo brazos” pensé, lamentablemente el asunto con mis piernas era otra historia; cuando un hombre muere en batalla, nunca es del modo romántico el cual Hollywood presenta en sus películas, uno muere y ver morir entre llantos y gritos, algunos se defecan, orinan, vomitan, y sangran mares de sangre, vez hombres tratando de encontrar sus brazos o piernas entre las partes mutiladas, o los vez tratando de mantener dentro de sus cuerpos sus malditas tripas… sí, no tiene nada de romántico morir en batalla; si se preguntan por que les cuento esto, es para que entiendan sobre que clases de mierdas tuve que arrastrarme hasta lograr encontrar los restos que un día fueron Jhon, el chico que cargaba la radio; al llegar hasta la radio di gracias por la poca de suerte que aun tenia, (si es que acaso se le puede llamar a eso suerte) pues la radio estaba intacta.

Lo demás después de eso es historia, los malditos burócratas me dieron una medalla por mantenerme con vida, así como una maldita silla de ruedas; se tomaron unas cuantas fotos a mi lado usando su hipócrita sonrisa de “bueno, ya ni modo, ¿no?”; mientras que todos mis hombres, mis amigos y compañeros, mis hermanos en armas eran sepultados con un entierro lleno de honores y con la palabra “héroes” en los labios de todos, pero eran olvidados un segundo después de salir del cementerio… ¡malditos!, para esos burócratas, ellos no eran más que números de unas bajas mas en una maldita guerra que no tuvo, tiene, o tendrá sentido. El enemigo no era el maldito que mataba a nuestros hermanos, eran esos malditos burócratas.

Tres malditos años más desde de la masacre de la que logre escapar tuvieron que pasar para que terminara (si es que se puede usar esa palabra) la maldita guerra. La maldita masacre en la que perdí mis piernas y mis hombres perdieron sus vidas nunca fue publicada en diario alguno, de seguro algún maldito burócrata pensó que era un evento demasiado “deshonroso” para el gobierno, así que ocultó al público el asunto; mis hombres perdieron la vida y yo las piernas después de un accidente con un mal funcionamiento de un helicóptero en el cual viajábamos hacia una misión de reconocimiento… a esos malditos burócratas no les importaba que se perdieran vidas de jóvenes soldados, pero le temían a perder la maldita guerra ante los medios de comunicación internacionales, ¡malditos!, nunca los lograre perdonar.

Meses después vi en la noticias como se lograban “acuerdos comerciales” con las facciones que antes me habían mandado junto con mis hombres a tratar de eliminar; ahora cobraba sentido el porque de mantener todo ese silencio sobre el “accidente” y las muertes de mis hermanos en armas. La misión nunca estuvo destinada a triunfar, era sólo un “busca pies”, una carta a usar en las negociaciones entre los burócratas de ambas facciones para ver cómo se repartirían el botín al terminar el conflicto de ese momento, sólo para dejar claro quien “puede” tomar más, y quién no. Al final los grupos rebeldes y la guerra social que estuvo en curso terminó con bajas, pero las facciones que estaban detrás orquestando todo el asunto fueron las únicas ganadoras, entre éstas, mi nación gobernada por esos cerdos con traje.

Dejo esto no para tratar de justificar mis actos, si no para tratar de mostrar algo de luz sobre la porquería que es nuestro gobierno, así como el de muchos otros países. Traté de llevarlo a los medios, de hacer esto público, pero el poder para mantener el silencio por parte de esos burócratas es muy grande. Sólo espero que esto realmente sirva para desenmascarar el asunto. ¡Dios, que ciegos fuimos, que ciegos somos!, soldados como nosotros siendo engañados para atacar y destruir aquello que juramos proteger, sólo para engordar los bolsillos de esos malditos que nos gobiernan y controlan.”

 

-¡Ja ja ja ja ja ja!, ¿ya viste esto Frank?

-¿Qué cosa?

-La carta de este pobre diablo, ¿de verdad pensaba que si intento de detonarse dentro del parlamento iba a funcionar?

-Soldado iluso e imbécil, debió mantenerse abajo como el perro que era. Aunque, últimamente son más éstos idiotas que tratan de pelear. Empiezo a cansarme de prevenir y detener atentados contra los jefes cada día.

-¡Bah!, aun así son la minoría, nunca lograran nada. La mayoría de las fuerzas armadas están bajo el control de los jefes, son perros bien entrenados que no cuestionan y no piensan, digo, con las cosas que les hacen hacer y que no se cuestionen esos actos…

-Sí, ciertamente su trabajo es más sucio que el nuestro

-¡Exacto!, yo estoy feliz con esto, estamos sobre la cadena alimenticia, y tampoco es tanto trabajo el poner a dormir a uno que otro perro que no sabe cuál es su lugar- dijo Mike, mientras terminaba de guardar las últimas cosas en la caja de “evidencias”, acto seguido Frank haría una llamada, y tras eso, llegaría la policía, así como los medios y demás. Revisarían el departamento del Coronel Hicks, el cual sería encontrado muerto por sobredosis en ese lugar. La noticia sería presentada en una nota breve en la edición matutina del periódico, para ser olvidada rápidamente, y más tomando en cuenta que ese día sería el “clásico” del deporte en la ciudad.

 

 

-Y aquí, ¡nada pasó!- dijo Mike en tono juguetón, mientras subía a la camioneta con Frank, para llevar las cajas con evidencias al “archivo”, que era el nombre que le daban a un gran edificio “abandonado” a las afueras de la zona industrial, en donde se “desaparecía” tanto evidencias, como a personas cuando era necesario.

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